Reducción del impacto ambiental en el sector de consumo masivo
Kimberly-Clark reportó una reducción del 90% en la generación de residuos en sus operaciones de Latinoamérica durante la última década, logrando que el 100% de sus fábricas operen bajo la condición de cero desechos en vertederos. Este indicador refleja la reconfiguración de los procesos de manufactura para alinearse con los objetivos globales de mitigación del cambio climático y la eficiencia en el uso de recursos naturales. La adopción de estos modelos operativos responde a las exigencias de los tomadores de decisión que buscan desvincular el crecimiento industrial del deterioro ecológico en los mercados emergentes.
La transición hacia una producción limpia exige modificaciones técnicas en las líneas de ensamblaje y un control riguroso de los flujos de materiales. Aparte de la gestión de sobrantes sólidos, la corporación registró una disminución del 35% en el consumo de agua y un descenso del 18% en su huella de carbono global dentro de la región. Estos resultados demuestran la viabilidad de implementar auditorías ambientales severas para optimizar los costos operativos y disminuir los pasivos ambientales en las cadenas de suministro de consumo masivo.
¿Cómo opera el modelo de circularidad hídrica en la planta de Perú?
En el Perú, la planta de producción ubicada en el distrito de Puente Piedra, Lima, consolidó una estrategia basada en el reciclaje y la reutilización. Dicha infraestructura procesa más de 1,900 toneladas anuales de etiquetas de bebidas para reincorporarlas en la fabricación de papel. Asimismo, la sede redujo el uso de agua fresca en un 54% mediante la recuperación de fluidos internos.
La planta de Puente Piedra complementa este esquema con la reutilización del 90% del agua residual tratada, reinsertándola en los ciclos industriales para evitar descargas contaminantes en el entorno local. Yusif Homayden, gerente de la planta ubicada en Puente Piedra, afirmó: “Estamos demostrando que la reinvención de la industria de consumo masivo pasa por integrar la sostenibilidad en el corazón de nuestras operaciones. Estos avances evidencian cómo la innovación y la mejora continua nos permiten operar de manera responsable, protegiendo los recursos naturales y contribuyendo al desarrollo sostenible de las comunidades donde estamos presentes”.
¿Cuáles son los resultados de eficiencia en El Salvador y Colombia?
El balance regional muestra un desempeño similar en las demás dependencias de la compañía. En El Salvador, la fábrica Sitio del Niño disminuyó en un 75% su huella hídrica y completó el estándar de reducción de residuos establecido para el periodo de diez años. Sandro de Ponte, gerente de la planta Sitio del Niño en El Salvador, mencionó: “Nuestra operación ha demostrado que es posible crecer de manera responsable, innovando y produciendo con una visión más humana y consciente del futuro. Nuestro mayor orgullo no es solamente lo que fabricamos, sino cómo lo hacemos: cuidando el entorno, desarrollando a nuestra gente y generando un impacto positivo que trasciende las paredes de la planta”.
Por su parte, los centros de producción de Barbosa y Puerto Tejada, en Colombia, se posicionaron como referentes de eficiencia hídrica y energética al reportar la baja del 35% en captación de agua y del 18% en emisiones de gases de efecto invernadero.
¿Cómo se integran los criterios de ecodiseño en el portafolio de productos?
La estrategia de sostenibilidad de la firma abarca la modificación de los empaques comerciales para reducir la dependencia de polímeros vírgenes. Actualmente, la organización utiliza la merma de producción en más del 60% de sus artículos terminados. Además, el 85% de los empaques plásticos incluye un 30% de material reciclado incorporado de manera directa en la estructura del contenedor.
Si bien las reformas operativas internas concentran la inversión de capital, la empresa mantiene programas de educación ambiental externa como ‘Baños cambian vidas’ y ‘AmbientaDOS’. Estas iniciativas transfieren conocimientos de saneamiento, higiene y reciclaje a centros educativos y comunidades locales, mitigando los riesgos sociales en las áreas de influencia directa de las plantas industriales.









