América Latina y el Caribe concentra cerca del 20% de las pérdidas mundiales de alimentos que ocurren entre la etapa de poscosecha y la venta minorista, a pesar de albergar únicamente al 9% de la población del planeta. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la región pierde el 11,6% de su producción agrícola durante los procesos de almacenamiento, procesamiento y transporte antes del ingreso a los comercios. En respuesta a estas cifras, la Alianza Latinoamericana y del Caribe de Asociaciones de la Industria de Alimentos y Bebidas (ALAIAB) presentó una serie de propuestas técnicas para reducir el desperdicio en las cadenas de suministro regionales.
El volumen de alimentos descartados contrasta con la vulnerabilidad social de la zona, donde 33 millones de personas sufren hambre y 167 millones experimentan inseguridad alimentaria. En el ámbito peruano, las estadísticas del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) señalan que tres de cada diez habitantes enfrentaron inseguridad alimentaria moderada o severa durante el año 2025. Para abordar este escenario, Lima alberga la reunión de ciudades latinoamericanas organizada por la FAO en el marco del Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos.
Innovación en envases y tecnologías de conservación de insumos
El análisis técnico de ALAIAB identifica que las mayores mermas se producen por fallas en la conservación durante el traslado y la distribución de los insumos. En ese contexto, la industria promueve el uso de empaques diseñados para proteger los productos frente a factores como la humedad, el oxígeno, la radiación solar y las fluctuaciones térmicas. La aplicación de materiales reciclados permite además reducir el impacto ambiental de las operaciones; por ejemplo, la fabricación de envases con PET reciclado disminuye en 64% las emisiones de carbono y en 79% el consumo de energía en comparación con el plástico virgen.
Aparte de la tecnología de empaques, las empresas del sector implementan soluciones para la extensión de la vida útil de los alimentos perecibles. Las técnicas de congelación, deshidratación y envasado en atmósferas modificadas permiten mantener la calidad sanitaria de los productos, facilitando la distribución hacia zonas alejadas o con escasa infraestructura de almacenamiento.
Optimización de la cadena de frío y logística de transporte
La conservación de la temperatura adecuada representa un desafío logístico para los países de la región debido a las extensas distancias y la diversidad de climas. Las interrupciones en la cadena de frío aceleran la descomposición de frutas, hortalizas, lácteos y carnes, provocando el descarte de toneladas de comida antes de su llegada a los mercados locales.
Frente a esta situación, la industria de alimentos promueve la modernización de la flota de transporte refrigerado y la digitalización de la supervisión de temperatura en tiempo real. Estas herramientas previenen el deterioro de las cargas y aseguran la inocuidad alimentaria desde los centros de acopio en el campo hasta los almacenes urbanos.
Aportes del sector industrial y metas de seguridad alimentaria
El fortalecimiento de los sistemas de distribución alimentaria contribuye directamente al uso eficiente de los recursos naturales empleados en la producción, como el agua, la tierra y la energía. La reducción de mermas disminuye las presiones sobre las fronteras agrícolas y ayuda a estabilizar los precios de la canasta básica familiar en el continente.
Sobre el rol del sector privado en la cadena de valor, la representación gremial enfatizó la necesidad de aplicar cambios técnicos en el procesamiento. “En esta conversación cada actor tiene un tramo donde puede incidir, y el nuestro la transformación: cómo se conserva un alimento, cómo se envasa, cómo se aprovecha lo que antes se descartaba. Ahí hay margen concreto de mejora y ahí es donde la industria puede aportar”, señaló Juliana Cortez, Líder de Asuntos Públicos, Comunicación y Sostenibilidad de ALAIAB.
La cooperación entre los gobiernos locales, la FAO y las asociaciones empresarial busca consolidar normativas que faciliten la donación de alimentos aptos para el consumo y la valorización de subproductos orgánicos. En esa línea, la ejecutiva agregó: “Cada alimento y bebida que evitamos perder es también agua, energía, trabajo y recursos que logramos aprovechar. Reducir estas pérdidas es una oportunidad para que la región aproveche mejor lo que produce y fortalezca su seguridad alimentaria, haciendo que más alimentos lleguen a donde se necesitan. Ese es el impacto que buscamos generar”, concluyó Cortez.
La articulación de soluciones tecnológicas y logísticas por parte de la industria de alimentos resulta indispensable para amortiguar la crisis de abastecimiento en la región. Las iniciativas orientadas a evitar el desperdicio en la poscosecha fortalecen los indicadores de sostenibilidad y mejoran el acceso a la nutrición en las poblaciones vulnerables del Perú y América Latina.









